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Había escuchado hablar de sinónimos, pero ¿qué es un homónimo?

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Cuando estaba en la escuela, como la mayoría de mis compañeros, siempre era fácil recordar sinónimos y antónimos usando la regla fonética que indica que los sinónimos son similares y los antónimos son lo opuesto. Bastante simple, pero funcionó y ayudó. Sin embargo, ¿cuándo se ha oído hablar de un homónimo? ¿Cuándo nos enseñaron eso? Bueno, puedo asegurarles que aunque sean como yo y no recuerden cuando los maestros nos enseñaron sobre los homónimos, todos sabemos lo que es, excepto que nunca lo llamamos por su nombre.


 

Los homónimos son extremadamente fáciles de detectar en nuestra lengua materna. Sin embargo, si estás lidiando con un segundo idioma y te encuentras con homónimos, puedes terminar bastante confundido o confundir a tu lector si estás traduciendo.

 Los homónimos son palabras que tienen la misma pronunciación y ortografía pero tienen diferentes significados. Algunos ejemplos de homónimos en inglés son bark, board, current, duck, fire, watch, wave.

 

 

Ahora bien, si estás escribiendo tu propio texto desde cero, es más común que te encuentres con heterógrafos, lo que también pueden ser muy confusos. Los heterógrafos son palabras que se pronuncian igual pero que se escriben de forma diferente y tienen significados distintos. Por ejemplo, en español puedo aconsejarte que no vayas de caza, o que no salgas de casa. Más ejemplos de estos heterógrafos en inglés son affect/effect, altar/alter, ascent/assent.

 

 

 

 

Por fortuna, si no eres traductor, no tienes que preocuparte por estas molestas reglas que pueden causar cualquier tipo de malentendido en tus documentos. Hay un sinfín de reglas gramaticales que los traductores deben tener en cuenta, investigar y observar para hacer su trabajo correctamente. Este es otro ejemplo del porqué no cualquiera que conozca un segundo idioma puede ser un traductor.

 

 

Si decides hacer tus propias traducciones, ya sea porque no tienes suficiente tiempo, recursos, o porque ya han sido hechas, envíalas a un experto para que las revise y las apruebe. Siempre es mejor tener la certeza de que lo que estamos haciendo es 100 % correcto desde el punto de vista gramatical y que no habrá errores de traducción que puedan confundir a los lectores respecto a la intención del mensaje que quieres transmitir.

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